Cómodo, hijo de Marco Aurelio, padre del desorden (II)

Cómodo, hijo de Marco Aurelio, padre del desorden (II)

Antes de terminar el año 188 y durante parte del 189 se presentó en Roma una peste que hizo huir a Cómodo al sur de la península, dejando el mando del Imperio (otra vez volvió al error de delegar tanto poder en una persona) a un tal Cleandro que superó con creces todas las fechorías de Perenio. Confeccionó un régimen de terror al mismo tiempo que tenia a Cómodo entretenido con placeres mundanos y lejos de la capital.

Enfrentó sin ningún escrúpulo a los romanos, provocando una guerra civil en Roma. Una de las hermanas del emperador, Fadila, alertó de los altercados que estaban produciéndose en la capital imperial a su hermano y la solución que invocó Cómodo fue la de los anteriores maleantes que habían aprovechado la proximidad imperial para realizar despropósitos: la muerte. El pueblo aclamó a su emperador en la entrada en Roma. La tranquilidad y felicidad no duraría mucho tiempo. Cómodo, alterado por los últimos sucesos, se encerró en el palacio imperial, fortificado por su guardia personal y con un reducido grupo de charlatanes y bufones que lo ensalzaron, adularon y persuadieron a dejarse llevar por los instintos menos propios de un humano decente. Mientras se entregaba por completo a la vida indecorosa, impuso un sistema de detenciones por cualquier acusación y ejecuciones sin juicio previo. La población empezaba a hartarse del hijo del gran Marco Aurelio.

            Como era de esperar, el emperador en el año 191 empieza el delirio “divino”. Se autoproclamó Hércules, por ende, su padre ya no era Marco, sino Júpiter. Sus últimos días fueron de la más absoluta locura. El cambio de su nombre fue lo menos excéntrico. Sus ropas destellaban colores extravagantes y afeminados. Los meses del año cambiaron de nombre, a saber, Amazonio, Exusperatorio o Cómodo, entre otros. Al caer la noche no había nada de humano en aquel cuerpo juvenil que se mostraba la imagen más degenerada del primer representante imperial.

            Los arrebatos de locura no cesaron. Quiso luchar contra todo hombre y fiera que hubiera en el mundo conocido. Se presentaron miles de personas a Roma para ver luchar al emperador. Debemos pensar que estaba todo preparado para que Cómodo saliera ileso de cada enfrentamiento. Cuentan las fuentes que vivía en la escuela de gladiadores y así no perder el ritmo y que volvió a cambiar su nombre, ahora por el de un gran gladiador que había muerto (Esceva) y tenía una gran reputación.

            Para no perder la tradición que inauguró Nerón con las megalomanías, nuestro emperador también aportó su huella en la historia sobre dicho tema. Mandó cortar la cabeza de la inmensa estatua que residía próxima al Anfiteatro Flavio, correspondiente a la divinidad del Sol, e hizo colocar una cabeza suya donde más de un siglo atrás descansó el cabezón de Nerón.

            Para celebrar la entrada del año 193, Cómodo quiso hacer una gran celebración de juegos en el Coliseo, con él de anfitrión y queriendo recibir al público con una armadura de gladiador, entre otros eventos que se han perdido en las fuentes pero que originaron una trifulca entre él y Marcia (su concubina preferida) y dos distinguidos miembros del pretorio.

            Cómodo, molesto, escribió en una tablilla, mientras reposaba en la bañera, los nombres de los que serían ejecutados sin más demora. La lista negra incluía a su preferida concubina (en primer puesto) y a los miembros con los que había mantenido acaloradas palabras en minutos anteriores. Numerosos miembros del Senado también caerían en la matanza que preparaba.

            La fortuna no estuvo de su suerte, según nos cuenta Herodiano. Un pequeño de los que contentaba a Cómodo, llamado Filocómodo (el nombre da pie a muchas interpretaciones, la más rápida y sencilla es la homosexualidad del emperador y una pintoresca muestra de sus locuras nocturnas) salió de la habitación con la tableta, sin saber muy bien que llevaba en sus manos. El terrible documento llegó a manos de Marcia que horrorizada llamó a los altos mandos del pretorio y orquestaron un sigiloso asesinato de Cómodo.

            Marcia introdujo un veneno mientras mezclaba el vino al emperador. Una vez Cómodo estaba somnoliento y tocado por aquella sustancia, que no terminaba de hacer su efecto final sobre el joven tirano, fue estrangulado por un liberto llamado Narciso. Los días de alienación mental de Cómodo ya no volverían a causar estragos.

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Emperador Cómodo, con atributos de Hércules

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